Archivo para mayo, 2011

Vivir un sueño.

Una vez oí que los que sueñan mucho despiertos no están conformes con su vida.

No estoy conforme con mi vida.

“Desean estar donde imaginan estar, haciendo lo que hacen en su mente, estando con quiénes están en su propia ficción, haciendo cosas que no están haciendo en la realidad, inalcanzables o irrealizables a corto plazo”.

No estoy de acuerdo, en realidad. ¿O si?

Siempre he soñado despierto, a falta de tener sueños comunes a menudo por las noches. O peor, a falta de algo que sea real. Porque en los primeros tú eliges dónde, cuándo, por qué, cómo y con quiénes. Tú controlas tu universo. Eres dios. Es absolutamente fascinante como puedes dictar exactamente todo lo que querrías hacer en tu propia mente, y que eso actúe de sustituto de la realidad. Que te complazca, en cierto modo. Aunque supongo que también los hay a los que les provoca más sufrimiento. Supongo que hay un matiz entre sueño y añoranza. Entre sueño y sufrimiento. Y por supuesto entre SUEÑO y REALIDAD. El sueño es maravilloso; el sueño que reemplaza algo que has vivido y que lo necesitas de vuelta porque ya no lo tienes, insuficiente. El sueño es maravilloso, el sueño que te evoca recuerdos irrecuperables, pasados mejores y cosas que no se volverán a repetir, doloroso. El sueño es maravilloso, el sueño que te adelanta algo que no vas a tener pronto, desesperante.

El sueño juega con los recuerdos, con la imaginación, las expectativas, las suposiciones, la esperanza, la felicidad, la tristeza, el dolor, el amor… Teniendo en cuenta todo esto, creo que es hora de empezar a tomárselo un poco en serio. Y darnos cuenta que, aparte de alegría, puede dañarnos mucho. Es el motivo de decepciones, falsas expectativas, recuerdos malos que reviven una y otra vez… ya no hablo de sueños, hablo de pensamientos. Pensamientos buenos y malos. Pensamientos llenos de momentos pasados, presentes y posibles futuros. Un entresijo indescifrable de ideas que saldrá a la luz un día u otro y dependerá de tu estado de ánimo y de lo que necesites o añores en ese momento. Algo con lo que llenar tu mente, algo que no siempre es descifrable y que, por lo tanto, tienes que averiguar su significado. Un sueño despierto, o quizá un sueño normal, mientras duermes, y que no puedas controlar o venga dictado por las más enterradas -o quizá más presentes- necesidades, recuerdos, pensamientos, personas o cosas de tu mente. Quizá algo que te arrepientas de estar pensando o imaginando por lo estúpido que hasta a ti mismo te parece. Pero algo que al fin y al cabo deseas.

Al menos soy consciente de que algunos sueños despiertos los formo yo. Yo decido eso en mi mente, y eso me reconforta. Estoy conforme con mi vida porque sé cubrir esas necesidades con sueños, y sé muchas cosas más. Sé que algunas de esas cosas pasarán, o no,  o serán parecidas. Sé que no seré el yo de mis sueños más alocados o raramente geniales que produce mi mente el que esté en una realidad futura; al fin y al cabo, como dijo Freud, “cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco”.  No tengo exactamente miedo a que no sucedan, o a que no sean como yo quiero, porque en cierto modo ya lo sé. Sólo son un pequeño empujón, y todos necesitamos pequeños empujones de vez en cuando. El problema sería que esos sueños fueran mi realidad. Porque…

…en realidad, no quiero vivir un sueño. 

Me gustaría tener los conocimientos de Freud o alguna eminencia de los sueños para afrontar un poco más profundamente este tema, pero como siempre me quedaré en mi punto de vista personal. Puedo soñar con ser Freud, al fin y al cabo. O con tener una máquina del tiempo y de teletransporte. O… bueh~

No rechaces tus sueños. ¿Sin la ilusión el mundo qué sería?

-Ramon de Campoamor

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A píxeles de distancia.

Es curioso darte cuenta de que internet tiene una gran ambigüedad, que permite que su mayor virtud sea también su mayor y más conocido defecto. Nadie de internet se va a sorprender si les comentas acerca de, digamos, la distancia. Pero empecemos desde el principio.

Las redes sociales e internet en general nos ponen al alcance eso de relacionarnos con miles de personas con el esfuerzo de mover el ratón, clickar y hacer un pequeño movimiento de los dedos sobre un teclado. Bien mirado, estás conociendo a gente que jamás podrías conocer -incluso viajando-, y relacionándote con un puñado de gente que, en principio, no sueles encontrar cerca de ti. Siempre es genial conocer a gente, y descubrir que muchos tienen los mismos gustos y aficiones que tú. Es maravilloso comenzar a acostumbrarte a tratar con esa gente con cualquier programa o web dedicada a ello, y darte cuenta de que empiezan a significar algo para ti aun estando tan lejos. Es sorprendente y tremendamente agradable darte cuenta de que les coges cariño y aprecio, que necesitas de ellos, que son alguien para ti aunque no les hayas visto jamás.  Y luego…

Luego todo cae por su propio peso.

Es infernalmente triste querer abrazar a un puñado de píxeles. Querer mirarles a los ojos. Querer hablarles, pasar tiempo con ellos… descubrir si realmente son las personas que parecen ser cuando estás en tu casa y te ríes, lloras, hablas y te lo pasas bien con ellos sin ni siquiera sentir cerca de ti más que tu ordenador. Descubrir si son tanto para ti como tú sientes. Descubrirlo de verdad.

Como ya decía, esto para nadie es ninguna sorpresa. Necesitaba expresar de alguna manera toda esa frustración que provoca la distancia y que todos tenemos en alguna ocasión. No se puede huir de ello, ni hacer nada (en principio) por remediarlo. Ellos están “allí”, lejos, y tú estás “aquí”, a veces y desesperadamente… solo. Llega el momento en el que la realidad te da una patada en el culo, y te duele. Te sabe a poco lo que tienes, aunque quizá no lo estés valorando y aprovechando lo suficiente y de ahí la otra necesidad, y necesitas de lo que está demasiado lejos para saciarte. Se te abre un vacío en tu interior, y necesitas llenar eso con algo más. Algo más. Algo que ya no es suficiente pasando horas y horas delante de un ordenador. Algo que tienes que saciar, una necesidad por cubrir, un desasosiego interno que sabes que sólo se calmará con algo. Digamos, por resumir, que ese algo que se necesita es una pizca de realidad. Un efímero contacto con esas personas que, por mucho que quieras, sabes que no van a estar “aquí” para complacer tus necesidades respecto a ellos y respecto a ti mismo. Al menos no pronto.

Se conoce medicina, por suerte. Yo la llamaría Pacienciamol. Al fin y al cabo, sabes que terminarás por conocerlas. Sabes que te llevarás tremendísimos palos por darte cuenta de que las cosas no son o serán como pensabas. Sabes que pasarás grandes momentos con esa gente que llevas tanto tiempo esperando pasar con ellas al menos cinco minutos. Sabes que la relación con esas personas pasará a ser algo más a partir del momento en que la relación de un paso adelante y se deje atrás la virtualidad para conocer la realidad. Sabes que esas personas incluso serán algo más para ti, si cabe, al igual que sabes que tal vez no. Al fin y al cabo todo es como la vida misma, conocerás más, tomarás decisiones, algunas personas quedarán atrás, otras volverán a ser lo que eran, otras darán un giro que cambiará las cosas completamente… nadie lo sabe y nadie lo sabrá. Pero eso no impide querer dar siempre ese paso de recorrer esos píxeles que te separan de la gente a la que necesitas contigo, o al menos un mínimo acercamiento. Y por supuesto pasar por todas las dificultades (problemáticas, económicas y temporales) que hagan falta para conseguirlo.

Después de esta reflexión, ¿quién cree en el amor a distancia? ¿Acaso hay ser humano capaz de compaginar DISTANCIA con AMOR? Si existen, me alegro mucho por ellos. De verdad que admiro a la gente que es capaz de aguantar el dolor que supone “amar de lejos”. Porque yo no podría. Yo necesitaría a la persona en cuestión conmigo, no lejos de mí. Debe de ser horrible tener que soportar una separación temporal, y por ello nunca lo aceptaría sin pasarlo fatal. Compadezco a todos aquellos que tengan que sufrirlo. Y comparto todo el sufrimiento que puedan experimentar las personas que tienen lejos simplemente a gente que necesitan con uno y no los tienen, pues es de lo más habitual y desesperante, a la larga.

Este tema, por dar una experiencia personal, me toca quizá demasiado de cerca. Llevo aproximadamente cuatro años en internet conociendo a muchísima gente, de los cuales algunos conservo “conociendo” desde el principio y hasta la actualidad. Vivo en una isla digamos apartada, y necesito de barco o avión (y no de buses, coches o trenes) para desplazarme a cualquier lugar, lo cual me ha dado problemas, y no digamos con el sentimiento de la distancia. He desvirtualizado a dos personas en mi vida, y conservo grandes y espléndidos recuerdos de lo que fue una de las experiencias más reconfortantes de mi vida. Quizá es porque fue una buena aunque corta temporada en la que todo salió bien, la primera vez que desvirtualizaba a alguien… no sé. Pero sin duda conozco la emoción. Los nervios, la tensión inicial, y luego todo lo que viene, bueno o malo. Y nunca lo olvidaré, al igual que sé que lo volveré a experimentar. Y lo deseo con toda mi alma. Y todo porque he tenido la carencia de ello, o porque siempre he tenido que aguantar y resignarme a tener a toda la gente de internet lejos de mí. Pero sé que con paciencia, luego todo sabrá mejor. Y eso, sin duda, me aporta lo suficiente como para aguantar y sobrellevar todo esto. Por mucho que cueste lograré superarlo, y la mayoría del tiempo me valdrá con lo que tengo y el vacío sólo resurgirá en contadas ocasiones.

Concluyendo: Distancia, que te den. Podemos contigo y recorreremos todos tus píxeles si nos da la gana. Pero, sobre todo, somos capaces de aguantarte.

La distancia es sólo un número.

Tess Nevermind.