Archivo para septiembre, 2011

Decisión.

A veces te das cuenta de que existen cosas que separan las cosas en dos. Pero hay muy pocas cosas que no tengan alternativas, cosas que no son sólo blancas o negras sino grises, como se suele decir. Algo que verdaderamente siempre te lleva a un extremo o al otro considero que son las decisiones. Pero lo cierto es que también son algo mucho más complejo.

Podemos empezar por examinar el símil de que tomar una decisión es tomar un camino. Un camino por el que puedes avanzar y a veces incluso retroceder. Un camino que, principalmente, te das cuenta de que si lo escoges automáticamente descartas el otro. Lo importante de esa elección de dos caminos no suele ser el camino que has escogido, sino el camino que descartas (o los otros, de haber más de uno). “¿Qué habría pasado de haber cogido el otro?” “¿por qué no cogí el otro cuando sabía que por este me iría mal?” “ojalá hubiera cogido el otro” “¿por el otro me hubiera ido mejor?”. Resumiendo, al final nos acabamos preocupando más por lo que hemos descartado de lo que hemos conseguido yendo por el camino que escogimos en un principio. Y claro, si no somos lo suficientemente fuertes o valientes para afrontarlo, queremos o logramos volver atrás. Huímos. Huímos de una decisión que nosotros mismos tomamos, que creímos que era mejor o correcta, o que tal vez escogimos al azar. Pero el caso es que la tomamos.

De no tomarla se formula un problema aún mayor. La duda, la incertidumbre y el miedo nos frenan. Que las consecuencias nos cieguen y nos convenzan de que no avanzar es la solución es a veces aun peor que tomar una decisión equivocada. No es bueno quedarse estancado, o vivir manteniendo una decisión en espera. Tal vez hacerlo nos lleve a nuevas decisiones que no habíamos tomado en cuenta, o tal vez estaremos esperando a que la vida tome esa decisión por nosotros. En cualquier caso, solo nosotros mismos podremos evaluar si esa decisión fue acertada o no una vez ejecutada. El problema está cuando no hay marcha atrás, cuando nos damos cuenta de que tomamos el camino erróneo. ¿Qué hacer? Siempre nos han dicho que lo mejor es aprender de los errores, y yo creo sinceramente que es cierto. Una decisión errónea puede llevar a miles acertadas en el futuro. Una metedura de pata puede llegar a repetirse dos y tres veces, pero llegará el momento en el que sabremos tomar la decisión correcta para no fallar más. Y eso es lo bueno de las decisiones, que aunque te equivoques, aunque lo pases mal eligiendo y decidiendo, siempre tendrás la oportunidad de que de tener que volver a hacerlo podrás hacerlo mejor.

Si profundizas en el tema de las consecuencias también suele resultar lo bastante complicado como para que te comas la cabeza un buen rato. También existe un problema considerable en determinar y clasificar si las consecuencias serán buenas o malas, para lo cual también hay que hacer cierto ejercicio adivinatorio. Al fin y al cabo, en tratar de averiguar y decidir se basa todo. Hay veces que incluso elegimos aún sabiendo que las consecuencias serán negativas, sólo para tener cierto periodo de bienestar que preferimos, que aceptamos a cambio de esas malas consecuencias. Que curiosos somos, ¿verdad?

Hay veces que también te preguntas si es bueno que otros tomen las decisiones por ti. O depender siempre de los consejos u orientaciones de los demás. Yo creo que lo único malo que hay en eso es que sean siempre otros las que las tomen, y cuando toque hacerlas por uno mismo no sepamos cómo hacerlo. Es también muy importante tomar las riendas de la vida, ser independiente, tener valor para seguir adelante aunque no sepamos lo que nos espera y equivocarnos si así se desarrollan las consecuencias. Si no, sólo seríamos robots programados.

El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.
Henry F. Amiel

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