Archivo para febrero, 2012

El mundo es infeliz.

Tal vez sea que estoy pesimista y deprimido, que lo estoy, pero eso no quita que el primer adjetivo que se me venga a la cabeza para describirlo todo en general sea negativo.  Eso me vendrá hoy, mañana y tal vez siempre, esté como esté.

¿Por qué? La verdad, no lo sé. Tal vez es que hay demasiadas cosas mal en la sociedad como para quedarte con lo bueno y superficial. Hay muchos trucos, frases y aprendizajes para intentar ser feliz, pero, ¿cuál es la verdad? Que no vas a ser feliz del todo. Nunca. Es imposible ser feliz siempre. Es una mentira como otra cualquiera. Puedes ser feliz en determinados momentos, ¿pero siempre? Mejor no engañarse. Conseguir la felicidad es como todo un reto que hay que conseguir, una meta que mucha gente se propone. Yo mismo procuro serlo. Pero de lo que me he dado cuenta es de que, por mucho que te lo propongas, lo que hagas para conseguirlo nunca será tan noble y sano como el simple objetivo de ser feliz. En este caso, el fin no justifica los medios. ¿Por qué? Porque esos medios juegan con muchas cosas, entre ellas la felicidad de los demás. Muchas veces se comenta que la vida es un camino, un camino individual, pero nadie menciona que hay muchos caminos a tu alrededor. Miles de caminos. Miles de millones de caminos que van o se cruzan contigo continuamente. Tu felicidad está ahí delante, ¿pero cuántos caminos interfieren?

Lo peor es que tengas la suficiente conciencia para darte cuenta de que está muy bien intentar conseguir la felicidad, pero hay que hacerlo de una manera que no impida a los demás conseguir la suya. ¿Existe esa armonía perfecta de convivencia? Lo dudo. Lo dudo muchísimo. Todo el mundo choca continuamente, hay que lidiar con gente que no va por donde mismo nosotros cada día de nuestra vida, y es imposible acordar con esa gente ir por el mismo sendero. ES IMPOSIBLE. Da igual cuantas organizaciones, cuantos ideales comunes, cuantas religiones o cuantos partidos políticos, siempre habrá alguien contrario a ti. Y lo que es más horrible: no sólo tendrás que lidiar con esas personas que van a contracorriente, sino que algunas incluso intentarán ponértelo difícil. Aunque te esfuerces, aunque intentes no interferir ni molestarles, aunque intentes hacerlo todo bien… nunca lo conseguirás. Da igual el esmero, los humanos somos así, y por mucho que tratemos de ponernos de acuerdo nunca terminaremos bien. Creo que hemos ido pasando a lo largo de la historia auto-engañándonos y creyendo como ilusos que si no tenemos una guerra mundial estamos en paz. Que convivimos en armonía. Ya, claro.

Y todo esto es para acabar hablando de las relaciones con otras personas. Es darte cuenta de que, como tenemos que vivir todos juntos, al final todo es un gran e interminable y fatídico juego de convivencia. Tratas de hacerlo bien, de procurarte un estable círculo feliz entorno a ti y tus relaciones cercanas -el típico “haciendo feliz a los demás lograrás ser feliz tú mismo“-, pero siempre hay problemas. Siempre hay algo que interfiere, que desanima, incluso lo chafan los que incluyes en tu gran proyecto de perfección (como si existiera esa perfección realmente). Y cuando te das cuenta de que no todo puede ir bien, vives en una depresión continua en la que empiezas a aferrarte a lo que sea para mantenerte a flote. Cualquier cosa va valiendo: el amor, la amistad, el cariño, el dinero… te dan felicidad, sí. Pero como eso no es eterno, tu felicidad tampoco lo será jamás.

Estoy cansado de la sociedad. Me he dado cuenta de que viviendo en ella únicamente podemos sufrir. Que el precio de nuestra felicidad es nuestra infelicidad en su lugar, o la infelicidad de los demás. Que vivimos unos a costa de los otros, y que por un puñado de nosotros está bien, hay otro que está fatal. Por un puñado de ricos, hay cientos de puñados de pobres muriéndose de hambre. No existe un equilibrio natural que regule esto, ni ha existido, ni existirá. No es pesimismo, no es exageración, no es negatividad… es la realidad. Podemos cerrar los ojos, podemos fingir que estamos contentísimos con nuestra vida siempre, pero estaremos viviendo una mentira.  En tal caso, ¿no es más normal una queja que una felicitación? ¿no es más normal un llanto que una carcajada? ¿no es más normal una pelea que un diálogo?

Al final lo único que pasa es que somos tan cabezotas que nos empeñamos en que todo esté bien, pase lo que pase. Y lo conseguimos de vez en cuando, lo cual no sienta realmente tan mal. Yo simplemente creo que no es que debamos engañarnos y pensar que viviremos como en un cuento toda nuestra vida, ya que nos sentiremos profundamente desengañados (¡si no, releed esta entrada y tomadme de ejemplo!), sino que conseguir la felicidad “a trozos” y entendiéndola como algo que viene y va es como único podremos conseguirla, y no sin la dosis de infelicidad que siempre trae consigo, curiosamente. Porque en el fondo todos tenemos ese objetivo común de ser felices, y eso está bien, a pesar de que vivamos en un mundo que está diseñado para que no lo seamos.

Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
Antoine de Saint-Exupery

 

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