Algo será para siempre.

Es curioso como lo de “nada es para siempre” simboliza todo lo que termina por salir de nuestras vidas. Puede parecer algo superficial, un título de una canción, pero al final es algo muy profundo y muy horrible. Nos hace darnos cuenta de una única verdad, y es que lo único que tendremos siempre es a nosotros mismos… hasta que no nos quede ni eso.

No quisiera ser pesimista, es cierto que hay cosas que duran mucho o la mayor parte de nuestras vidas. Cosas buenas como nuestra familia o algunos de los amigos que logremos conservar tras todas las etapas que tiene la vida en las que los puedes perder. Es algo bueno, algo bonito. Es bonito ver a estos matrimonios haciendo bodas de oro y sabiendo que se han tenido tanto tiempo, y que probablemente se tengan hasta que ya no se tengan a si mismos. Todo acaba en la muerte, es un hecho, pero sin duda hay que valorar lo que nos pueda durar hasta que llegue. Y yo, romántico como siempre, digo que esa cosa eterna es amor. Tal vez no de las mismas personas, pero sí en general. El amor es algo que permanece, de una manera o de otra. Algo que hace el camino más fácil al fin y al cabo. Todo lo demás es efímero. El dinero, las cosas materiales, incluso gran parte de las personas. Todo queda atrás, se desvanece.

Y es entonces cuando miramos al pasado un día que nos falta algo que teníamos y lo ansiamos, aun sabiendo que todo eso puede haber cambiado y que ya no podrá ser igual. Eso pasa a menudo con las personas, tristemente. Todos esos amigos que dejas atrás o con los que te enfadas, y luego recuerdas con añoranza todo lo bueno que pasaste con ellos a sabiendas de que es algo ya difícilmente recuperable. Ni recuperable ni sustituible, pues todo lo que llega a tu vida siempre será diferente, y al mismo tiempo ridículamente igual. Repitiendo los mismos errores hasta que al final la nueva gente termina como la vieja gente, atrás. Y ahí sigues tú, solo y a la vez acompañado, añorando y siguiendo adelante. Las relaciones son complicadas, nadie puede negar eso. Es vano decir que una relación es “para siempre”. Nada es para siempre, o eso dicen. Es bonito ese sentimiento de lo eterno, de que dos personas pueden estar juntas siempre, pero es casi un cuento de hadas. Todo el mundo es tan diferente y tiene tantos intereses encontrados que al final siempre hay un distanciamiento mayor o menor, con la excepcionalidad de algunos casos. Pero al final eso es lo que pasa, y es algo irremediable. Algo para lo que hay que estar preparado.

No sé, creo que es una visión algo mala. Con lo genial que se ve todo cuando conoces bien a alguien y tienes tan claro que estará siempre contigo, y luego un día te deja y se lleva una parte de ti, al igual que tú te quedas con una parte de ella que conservarás a fuego dentro de ti. Una parte llena de recuerdos que no queda más remedio que esperar a que el tiempo alivie o que otra persona coloque encima los suyos, con mala suerte una y otra vez hasta que puedas acabar rehuyendo ciertos contactos, etiquetando y clasificando o repudiando ciertas cosas. La gente que ha fracasado sentimentalmente o que bien no alcanza a llegar a nada, por ejemplo. Quedan tantos recuerdos fallidos que son difíciles de cubrir que piensas que jamás eso estará bien, que es problema tuyo, cuando de hecho el único problema es que las relaciones humanas tienen un gran contenido de dificultad. La dificultad de encontrar a una persona compatible a ti, adecuarte a ella, acostumbrarte y confiar y, llegados a ese punto, temer que desaparezca tras tanto esfuerzo. Tal vez se quede, eso sí. Tal vez cambie -la persona o las circunstancias-, pero se quede. Y supongo que eso es lo único bueno que podemos conservar de las relaciones: la esperanza y el esfuerzo que hacen que todo pueda salir bien.

Es por eso que no hay que perder el ánimo. Si alguien se va hay que evitarlo, y si no se puede siempre entrará una persona por otra que salga. Que a pesar de que, en esencia, todos estemos destinados a no estar hechos para estar siempre junto a alguien, la voluntad, el empeño y el cariño logren superar toda dificultad para aspirar a que cosas buenas tales como esa sean para siempre.

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