Archivo para junio, 2012

Razón o corazón.

Arg, dios, la gente. ¿No es odiosa?

Estoy desencantado con la sociedad y el mundo. Cada vez más. Cada vez peor. Me doy cuenta de lo mal que funciona todo, sobre todo para algunas personas. Las que sufren, concretamente. O las que piensan por qué sufren. Las que intentan dar una explicación a lo que está mal a su alrededor, y me cuento entre ellas.

Últimamente me gusta definir la vida como una separación de pensamientos y sentimientos. Los pensamientos son los que te hacen ver las cosas como son realmente, aprender de tus errores, conocer tus límites y seguir adelante. Las emociones son las que te hacen retroceder, avanzar y te agitan la vida sin hacer caso de tus pensamientos. Este eterno enfrentamiento hace imposible un equilibro. Puedes pensar que algo no te conviene, piensas en las consecuencias, pero los sentimientos se olvidan de ellas y te hacen actuar. Probablemente después toque el arrepentimiento, o quizá no. Pero resulta que si las cosas salen mal luego interviene la mente otra vez para recordarte “te lo dije”. Lo bueno es que somos libres para intentar formar un equilibro, y aunque tropecemos siempre seguiremos adelante con nuestros errores y aciertos. Nos hace personas.

En mi opinión, no es que debamos ignorar o evitar llevarnos por nuestras emociones. Pensar demasiado nos cierra muchas puertas en la vida, a veces simplemente hay que hacer algo sin pensar en las consecuencias. Creo que si la sociedad fuera un poco más humana y no todo lo contrario, todos haríamos un poco más lo que nos apeteciera y seríamos un poco más felices. Estamos anclados, recluídos, obligados a cumplir unas normas de comportamiento y a seguir determinadas modas para no ser despreciados. Estamos ocultando lo que verdaderamente queremos o somos, lo que sentimos, para dejar paso a una aburrida parte racional que nos cohíbe y nos hace esclavos.

Lo peor es que nada cambiará. Por mucho que decidamos llevarnos por nuestros sentimientos, los pensamientos de otros nos darán una bofetada. “¿Por qué hace eso?”, dirán. Nos atacan las inseguridades, el miedo al rechazo, la soledad. Si no cambia todo el mundo, al final lo que pasa es que no cambia nada de nada. Y así estamos, caminando lentamente hacia una sociedad más y más deshumanizada que ignora la voluntad de la gente e impone la voluntad de políticos y ricos, que son los que irónicamente viven como debe ser sin merecerlo, pues hacen lo que les da la gana y al resto que les den. Por suerte también en la sociedad también hay ataduras para ellos, porque si no este sería un mundo de tiranos y seríamos más esclavos todavía.

El mundo no va a cambiar, tristemente. Pero las personas, si lo intentamos, sí que podemos marcar una diferencia. Ya está bien de dejarnos llevar y matarnos a pensar en el qué dirán, pues la sociedad y lo que unos pocos han establecido como correcto no es lo que tiene que llevar las riendas de nuestras vidas. Ya está bien de ser esclavos, y pasar a divertirnos y ser felices siendo acordes a nuestras emociones y a los que nos pide el cuerpo. Ya está bien de ataduras sociales, represión y diversas otras mierdas que no han hecho más que convertirnos en robots que razonan con los datos que han introducido otros. Debemos librarnos de todo esto, aunque sea un poquito, e impedir poco a poco que vayamos a peor. Porque somos lo que queremos, lo que pensamos y lo que sentimos.

Porque tenemos corazón, aunque a muchos se les olvide.

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