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Razón o corazón.

Arg, dios, la gente. ¿No es odiosa?

Estoy desencantado con la sociedad y el mundo. Cada vez más. Cada vez peor. Me doy cuenta de lo mal que funciona todo, sobre todo para algunas personas. Las que sufren, concretamente. O las que piensan por qué sufren. Las que intentan dar una explicación a lo que está mal a su alrededor, y me cuento entre ellas.

Últimamente me gusta definir la vida como una separación de pensamientos y sentimientos. Los pensamientos son los que te hacen ver las cosas como son realmente, aprender de tus errores, conocer tus límites y seguir adelante. Las emociones son las que te hacen retroceder, avanzar y te agitan la vida sin hacer caso de tus pensamientos. Este eterno enfrentamiento hace imposible un equilibro. Puedes pensar que algo no te conviene, piensas en las consecuencias, pero los sentimientos se olvidan de ellas y te hacen actuar. Probablemente después toque el arrepentimiento, o quizá no. Pero resulta que si las cosas salen mal luego interviene la mente otra vez para recordarte “te lo dije”. Lo bueno es que somos libres para intentar formar un equilibro, y aunque tropecemos siempre seguiremos adelante con nuestros errores y aciertos. Nos hace personas.

En mi opinión, no es que debamos ignorar o evitar llevarnos por nuestras emociones. Pensar demasiado nos cierra muchas puertas en la vida, a veces simplemente hay que hacer algo sin pensar en las consecuencias. Creo que si la sociedad fuera un poco más humana y no todo lo contrario, todos haríamos un poco más lo que nos apeteciera y seríamos un poco más felices. Estamos anclados, recluídos, obligados a cumplir unas normas de comportamiento y a seguir determinadas modas para no ser despreciados. Estamos ocultando lo que verdaderamente queremos o somos, lo que sentimos, para dejar paso a una aburrida parte racional que nos cohíbe y nos hace esclavos.

Lo peor es que nada cambiará. Por mucho que decidamos llevarnos por nuestros sentimientos, los pensamientos de otros nos darán una bofetada. “¿Por qué hace eso?”, dirán. Nos atacan las inseguridades, el miedo al rechazo, la soledad. Si no cambia todo el mundo, al final lo que pasa es que no cambia nada de nada. Y así estamos, caminando lentamente hacia una sociedad más y más deshumanizada que ignora la voluntad de la gente e impone la voluntad de políticos y ricos, que son los que irónicamente viven como debe ser sin merecerlo, pues hacen lo que les da la gana y al resto que les den. Por suerte también en la sociedad también hay ataduras para ellos, porque si no este sería un mundo de tiranos y seríamos más esclavos todavía.

El mundo no va a cambiar, tristemente. Pero las personas, si lo intentamos, sí que podemos marcar una diferencia. Ya está bien de dejarnos llevar y matarnos a pensar en el qué dirán, pues la sociedad y lo que unos pocos han establecido como correcto no es lo que tiene que llevar las riendas de nuestras vidas. Ya está bien de ser esclavos, y pasar a divertirnos y ser felices siendo acordes a nuestras emociones y a los que nos pide el cuerpo. Ya está bien de ataduras sociales, represión y diversas otras mierdas que no han hecho más que convertirnos en robots que razonan con los datos que han introducido otros. Debemos librarnos de todo esto, aunque sea un poquito, e impedir poco a poco que vayamos a peor. Porque somos lo que queremos, lo que pensamos y lo que sentimos.

Porque tenemos corazón, aunque a muchos se les olvide.


Algo será para siempre.

Es curioso como lo de “nada es para siempre” simboliza todo lo que termina por salir de nuestras vidas. Puede parecer algo superficial, un título de una canción, pero al final es algo muy profundo y muy horrible. Nos hace darnos cuenta de una única verdad, y es que lo único que tendremos siempre es a nosotros mismos… hasta que no nos quede ni eso.

No quisiera ser pesimista, es cierto que hay cosas que duran mucho o la mayor parte de nuestras vidas. Cosas buenas como nuestra familia o algunos de los amigos que logremos conservar tras todas las etapas que tiene la vida en las que los puedes perder. Es algo bueno, algo bonito. Es bonito ver a estos matrimonios haciendo bodas de oro y sabiendo que se han tenido tanto tiempo, y que probablemente se tengan hasta que ya no se tengan a si mismos. Todo acaba en la muerte, es un hecho, pero sin duda hay que valorar lo que nos pueda durar hasta que llegue. Y yo, romántico como siempre, digo que esa cosa eterna es amor. Tal vez no de las mismas personas, pero sí en general. El amor es algo que permanece, de una manera o de otra. Algo que hace el camino más fácil al fin y al cabo. Todo lo demás es efímero. El dinero, las cosas materiales, incluso gran parte de las personas. Todo queda atrás, se desvanece.

Y es entonces cuando miramos al pasado un día que nos falta algo que teníamos y lo ansiamos, aun sabiendo que todo eso puede haber cambiado y que ya no podrá ser igual. Eso pasa a menudo con las personas, tristemente. Todos esos amigos que dejas atrás o con los que te enfadas, y luego recuerdas con añoranza todo lo bueno que pasaste con ellos a sabiendas de que es algo ya difícilmente recuperable. Ni recuperable ni sustituible, pues todo lo que llega a tu vida siempre será diferente, y al mismo tiempo ridículamente igual. Repitiendo los mismos errores hasta que al final la nueva gente termina como la vieja gente, atrás. Y ahí sigues tú, solo y a la vez acompañado, añorando y siguiendo adelante. Las relaciones son complicadas, nadie puede negar eso. Es vano decir que una relación es “para siempre”. Nada es para siempre, o eso dicen. Es bonito ese sentimiento de lo eterno, de que dos personas pueden estar juntas siempre, pero es casi un cuento de hadas. Todo el mundo es tan diferente y tiene tantos intereses encontrados que al final siempre hay un distanciamiento mayor o menor, con la excepcionalidad de algunos casos. Pero al final eso es lo que pasa, y es algo irremediable. Algo para lo que hay que estar preparado.

No sé, creo que es una visión algo mala. Con lo genial que se ve todo cuando conoces bien a alguien y tienes tan claro que estará siempre contigo, y luego un día te deja y se lleva una parte de ti, al igual que tú te quedas con una parte de ella que conservarás a fuego dentro de ti. Una parte llena de recuerdos que no queda más remedio que esperar a que el tiempo alivie o que otra persona coloque encima los suyos, con mala suerte una y otra vez hasta que puedas acabar rehuyendo ciertos contactos, etiquetando y clasificando o repudiando ciertas cosas. La gente que ha fracasado sentimentalmente o que bien no alcanza a llegar a nada, por ejemplo. Quedan tantos recuerdos fallidos que son difíciles de cubrir que piensas que jamás eso estará bien, que es problema tuyo, cuando de hecho el único problema es que las relaciones humanas tienen un gran contenido de dificultad. La dificultad de encontrar a una persona compatible a ti, adecuarte a ella, acostumbrarte y confiar y, llegados a ese punto, temer que desaparezca tras tanto esfuerzo. Tal vez se quede, eso sí. Tal vez cambie -la persona o las circunstancias-, pero se quede. Y supongo que eso es lo único bueno que podemos conservar de las relaciones: la esperanza y el esfuerzo que hacen que todo pueda salir bien.

Es por eso que no hay que perder el ánimo. Si alguien se va hay que evitarlo, y si no se puede siempre entrará una persona por otra que salga. Que a pesar de que, en esencia, todos estemos destinados a no estar hechos para estar siempre junto a alguien, la voluntad, el empeño y el cariño logren superar toda dificultad para aspirar a que cosas buenas tales como esa sean para siempre.


El mundo es infeliz.

Tal vez sea que estoy pesimista y deprimido, que lo estoy, pero eso no quita que el primer adjetivo que se me venga a la cabeza para describirlo todo en general sea negativo.  Eso me vendrá hoy, mañana y tal vez siempre, esté como esté.

¿Por qué? La verdad, no lo sé. Tal vez es que hay demasiadas cosas mal en la sociedad como para quedarte con lo bueno y superficial. Hay muchos trucos, frases y aprendizajes para intentar ser feliz, pero, ¿cuál es la verdad? Que no vas a ser feliz del todo. Nunca. Es imposible ser feliz siempre. Es una mentira como otra cualquiera. Puedes ser feliz en determinados momentos, ¿pero siempre? Mejor no engañarse. Conseguir la felicidad es como todo un reto que hay que conseguir, una meta que mucha gente se propone. Yo mismo procuro serlo. Pero de lo que me he dado cuenta es de que, por mucho que te lo propongas, lo que hagas para conseguirlo nunca será tan noble y sano como el simple objetivo de ser feliz. En este caso, el fin no justifica los medios. ¿Por qué? Porque esos medios juegan con muchas cosas, entre ellas la felicidad de los demás. Muchas veces se comenta que la vida es un camino, un camino individual, pero nadie menciona que hay muchos caminos a tu alrededor. Miles de caminos. Miles de millones de caminos que van o se cruzan contigo continuamente. Tu felicidad está ahí delante, ¿pero cuántos caminos interfieren?

Lo peor es que tengas la suficiente conciencia para darte cuenta de que está muy bien intentar conseguir la felicidad, pero hay que hacerlo de una manera que no impida a los demás conseguir la suya. ¿Existe esa armonía perfecta de convivencia? Lo dudo. Lo dudo muchísimo. Todo el mundo choca continuamente, hay que lidiar con gente que no va por donde mismo nosotros cada día de nuestra vida, y es imposible acordar con esa gente ir por el mismo sendero. ES IMPOSIBLE. Da igual cuantas organizaciones, cuantos ideales comunes, cuantas religiones o cuantos partidos políticos, siempre habrá alguien contrario a ti. Y lo que es más horrible: no sólo tendrás que lidiar con esas personas que van a contracorriente, sino que algunas incluso intentarán ponértelo difícil. Aunque te esfuerces, aunque intentes no interferir ni molestarles, aunque intentes hacerlo todo bien… nunca lo conseguirás. Da igual el esmero, los humanos somos así, y por mucho que tratemos de ponernos de acuerdo nunca terminaremos bien. Creo que hemos ido pasando a lo largo de la historia auto-engañándonos y creyendo como ilusos que si no tenemos una guerra mundial estamos en paz. Que convivimos en armonía. Ya, claro.

Y todo esto es para acabar hablando de las relaciones con otras personas. Es darte cuenta de que, como tenemos que vivir todos juntos, al final todo es un gran e interminable y fatídico juego de convivencia. Tratas de hacerlo bien, de procurarte un estable círculo feliz entorno a ti y tus relaciones cercanas -el típico “haciendo feliz a los demás lograrás ser feliz tú mismo“-, pero siempre hay problemas. Siempre hay algo que interfiere, que desanima, incluso lo chafan los que incluyes en tu gran proyecto de perfección (como si existiera esa perfección realmente). Y cuando te das cuenta de que no todo puede ir bien, vives en una depresión continua en la que empiezas a aferrarte a lo que sea para mantenerte a flote. Cualquier cosa va valiendo: el amor, la amistad, el cariño, el dinero… te dan felicidad, sí. Pero como eso no es eterno, tu felicidad tampoco lo será jamás.

Estoy cansado de la sociedad. Me he dado cuenta de que viviendo en ella únicamente podemos sufrir. Que el precio de nuestra felicidad es nuestra infelicidad en su lugar, o la infelicidad de los demás. Que vivimos unos a costa de los otros, y que por un puñado de nosotros está bien, hay otro que está fatal. Por un puñado de ricos, hay cientos de puñados de pobres muriéndose de hambre. No existe un equilibrio natural que regule esto, ni ha existido, ni existirá. No es pesimismo, no es exageración, no es negatividad… es la realidad. Podemos cerrar los ojos, podemos fingir que estamos contentísimos con nuestra vida siempre, pero estaremos viviendo una mentira.  En tal caso, ¿no es más normal una queja que una felicitación? ¿no es más normal un llanto que una carcajada? ¿no es más normal una pelea que un diálogo?

Al final lo único que pasa es que somos tan cabezotas que nos empeñamos en que todo esté bien, pase lo que pase. Y lo conseguimos de vez en cuando, lo cual no sienta realmente tan mal. Yo simplemente creo que no es que debamos engañarnos y pensar que viviremos como en un cuento toda nuestra vida, ya que nos sentiremos profundamente desengañados (¡si no, releed esta entrada y tomadme de ejemplo!), sino que conseguir la felicidad “a trozos” y entendiéndola como algo que viene y va es como único podremos conseguirla, y no sin la dosis de infelicidad que siempre trae consigo, curiosamente. Porque en el fondo todos tenemos ese objetivo común de ser felices, y eso está bien, a pesar de que vivamos en un mundo que está diseñado para que no lo seamos.

Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin.
Antoine de Saint-Exupery

 


Decisión.

A veces te das cuenta de que existen cosas que separan las cosas en dos. Pero hay muy pocas cosas que no tengan alternativas, cosas que no son sólo blancas o negras sino grises, como se suele decir. Algo que verdaderamente siempre te lleva a un extremo o al otro considero que son las decisiones. Pero lo cierto es que también son algo mucho más complejo.

Podemos empezar por examinar el símil de que tomar una decisión es tomar un camino. Un camino por el que puedes avanzar y a veces incluso retroceder. Un camino que, principalmente, te das cuenta de que si lo escoges automáticamente descartas el otro. Lo importante de esa elección de dos caminos no suele ser el camino que has escogido, sino el camino que descartas (o los otros, de haber más de uno). “¿Qué habría pasado de haber cogido el otro?” “¿por qué no cogí el otro cuando sabía que por este me iría mal?” “ojalá hubiera cogido el otro” “¿por el otro me hubiera ido mejor?”. Resumiendo, al final nos acabamos preocupando más por lo que hemos descartado de lo que hemos conseguido yendo por el camino que escogimos en un principio. Y claro, si no somos lo suficientemente fuertes o valientes para afrontarlo, queremos o logramos volver atrás. Huímos. Huímos de una decisión que nosotros mismos tomamos, que creímos que era mejor o correcta, o que tal vez escogimos al azar. Pero el caso es que la tomamos.

De no tomarla se formula un problema aún mayor. La duda, la incertidumbre y el miedo nos frenan. Que las consecuencias nos cieguen y nos convenzan de que no avanzar es la solución es a veces aun peor que tomar una decisión equivocada. No es bueno quedarse estancado, o vivir manteniendo una decisión en espera. Tal vez hacerlo nos lleve a nuevas decisiones que no habíamos tomado en cuenta, o tal vez estaremos esperando a que la vida tome esa decisión por nosotros. En cualquier caso, solo nosotros mismos podremos evaluar si esa decisión fue acertada o no una vez ejecutada. El problema está cuando no hay marcha atrás, cuando nos damos cuenta de que tomamos el camino erróneo. ¿Qué hacer? Siempre nos han dicho que lo mejor es aprender de los errores, y yo creo sinceramente que es cierto. Una decisión errónea puede llevar a miles acertadas en el futuro. Una metedura de pata puede llegar a repetirse dos y tres veces, pero llegará el momento en el que sabremos tomar la decisión correcta para no fallar más. Y eso es lo bueno de las decisiones, que aunque te equivoques, aunque lo pases mal eligiendo y decidiendo, siempre tendrás la oportunidad de que de tener que volver a hacerlo podrás hacerlo mejor.

Si profundizas en el tema de las consecuencias también suele resultar lo bastante complicado como para que te comas la cabeza un buen rato. También existe un problema considerable en determinar y clasificar si las consecuencias serán buenas o malas, para lo cual también hay que hacer cierto ejercicio adivinatorio. Al fin y al cabo, en tratar de averiguar y decidir se basa todo. Hay veces que incluso elegimos aún sabiendo que las consecuencias serán negativas, sólo para tener cierto periodo de bienestar que preferimos, que aceptamos a cambio de esas malas consecuencias. Que curiosos somos, ¿verdad?

Hay veces que también te preguntas si es bueno que otros tomen las decisiones por ti. O depender siempre de los consejos u orientaciones de los demás. Yo creo que lo único malo que hay en eso es que sean siempre otros las que las tomen, y cuando toque hacerlas por uno mismo no sepamos cómo hacerlo. Es también muy importante tomar las riendas de la vida, ser independiente, tener valor para seguir adelante aunque no sepamos lo que nos espera y equivocarnos si así se desarrollan las consecuencias. Si no, sólo seríamos robots programados.

El hombre que pretende verlo todo con claridad antes de decidir nunca decide.
Henry F. Amiel


(In)conformismo.

Si la felicidad reside en no querer mucho sino en necesitar poco, ¿cómo obtener la felicidad de las cosas que realmente necesitamos?

Para muchos es subjetivo el concepto de necesidad. No todos creen que sean imprescindibles las mismas necesidades. Están los que creen que tener algo que llevarse a la boca, un techo bajo el que vivir y un trabajo para salir adelante son suficientes necesidades. No niego que se pueda conseguir la felicidad con solo eso. Añadiendo necesidades digamos que entramos en una escala ascendente hacia una especie de ambición por las mismas como requisitos para ser feliz-que podría desembocar en materialismo-, y cuantas más necesidades tienes… tal vez más inconforme estarás  (y encima algunos te tacharán de querer mucho y no necesitar poco…).

El caso es que seguramente todos deberíamos establecer nuestras necesidades, pero olvidando lo que piensen los demás. Cada uno sabe lo que necesita, lo que le hace feliz, y lo que quiere procurarse para el resto de su vida. Seguramente esas necesidades cambien con el tiempo y las circunstancias, pero ¿qué hay de malo en afianzarlas para la actualidad? Quizá debiéramos revelarnos en contra de la sociedad y cuando ésta diga “tienes la necesidad de tener un trabajo para ganarte la vida, y por lo tanto debes estudiar” nosotros reconvirtamos esa afirmación en “si yo creo que debo tener un trabajo para que mi vida sea más fácil en el futuro, que así sea, estudiaré”. Pasaríamos del incorformismo a lo que la sociedad nos dicta a tener un objetivo personal del que estaremos concienciados por nosotros mismos porque sabemos que nos hará bien. ¡Nos conformaremos con ello por lo pronto, y no será malo!

Una vez establecidas nuestras necesidades y teniendo claro que no nos importa lo que digan los demás sobre ello (si mi necesidad es ser millonario y me propongo serlo, aunque no estén de acuerdo conmigo tal vez debería seguir esa meta y sólo tal vez algún día me de cuenta por mí mismo de que no era una necesidad correcta… o quizá otra persona nos lo haga ver, lo que no indicaría que la otra persona nos induzca precisamente a ello), el siguiente paso es luchar por ellas. Pero ese no es realmente el problema, sino quizá el hecho de no conseguirlo.

La definición concreta de “inconformismo” es actitud hostil o falta de acuerdo ante el orden establecido. El conflicto está entonces entre nuestras necesidades y lo que se oponga a ellas. El propósito de esta entrada no era más que examinar la actitud que tenemos cuando algo se opone a lo que realmente queremos. ¿Nos conformamos con ello? Normalmente no. ¿Pero qué pasa cuando no hay más remedio? ¿Qué hay de toda la frustración, el dolor y la ira que provoca no tener lo que queremos? Lo gracioso es que para algunos nuestra queja no será más que un berrinche porque precisamente nuestras necesidades no son las mismas que las de esa persona que se burla de nosotros. Entonces existe un conflicto sobre otro conflicto, esa batalla entre personas con distintos intereses. A veces es difícil respetar las necesidades de otro, sobre todo cuando chocan con las de uno.

Considerando que el hilo de la reflexión nos iba a llevar desde diferencias de opiniones hasta el origen de guerras mundiales, tomaré un punto más íntimo para finalizar. Como algunos sabréis, pienso que el amor es una base importante en la vida de todo el mundo. ¿Qué pasa cuando falta el amor? Infinitas cosas, diría yo. Se me ocurren varios ejemplos, como eso que dicen que falta de amor en la infancia desemboca en una madurez más dura, o cuando oímos que alguien está fatal y que ha llegado a puntos extremos porque se siente solo y con falta de apoyos en su vida. Me atrevería a afirmar que el amor es una necesidad universal, de la que nadie debería ser privado y por la que todos debemos luchar y seguir adelante aunque nos falte. Es fatigante cuando la falta de amor nos derrumba y nos deja desamparados y desprotegidos, cuando nos sentimos solos o incomprendidos, o cuando necesitamos a alguien que simplemente no está a nuestro lado. Aseguraré que conformarse con la falta de amor es muy doloroso, pero eso es algo obvio que todos sabemos y hemos experimentado alguna vez.

Seremos siempre unos inconformes al respecto, me temo, pero siempre queda la esperanza de que no llega a ser para siempre. Estemos conformes con ser felices y conseguir lo que queremos, llegue antes o después. Estemos inconformes con conformarnos.

Para pretender el mundo es largo, para conformarse se ha inventado el jamás.

Anónimo.


Vivir un sueño.

Una vez oí que los que sueñan mucho despiertos no están conformes con su vida.

No estoy conforme con mi vida.

“Desean estar donde imaginan estar, haciendo lo que hacen en su mente, estando con quiénes están en su propia ficción, haciendo cosas que no están haciendo en la realidad, inalcanzables o irrealizables a corto plazo”.

No estoy de acuerdo, en realidad. ¿O si?

Siempre he soñado despierto, a falta de tener sueños comunes a menudo por las noches. O peor, a falta de algo que sea real. Porque en los primeros tú eliges dónde, cuándo, por qué, cómo y con quiénes. Tú controlas tu universo. Eres dios. Es absolutamente fascinante como puedes dictar exactamente todo lo que querrías hacer en tu propia mente, y que eso actúe de sustituto de la realidad. Que te complazca, en cierto modo. Aunque supongo que también los hay a los que les provoca más sufrimiento. Supongo que hay un matiz entre sueño y añoranza. Entre sueño y sufrimiento. Y por supuesto entre SUEÑO y REALIDAD. El sueño es maravilloso; el sueño que reemplaza algo que has vivido y que lo necesitas de vuelta porque ya no lo tienes, insuficiente. El sueño es maravilloso, el sueño que te evoca recuerdos irrecuperables, pasados mejores y cosas que no se volverán a repetir, doloroso. El sueño es maravilloso, el sueño que te adelanta algo que no vas a tener pronto, desesperante.

El sueño juega con los recuerdos, con la imaginación, las expectativas, las suposiciones, la esperanza, la felicidad, la tristeza, el dolor, el amor… Teniendo en cuenta todo esto, creo que es hora de empezar a tomárselo un poco en serio. Y darnos cuenta que, aparte de alegría, puede dañarnos mucho. Es el motivo de decepciones, falsas expectativas, recuerdos malos que reviven una y otra vez… ya no hablo de sueños, hablo de pensamientos. Pensamientos buenos y malos. Pensamientos llenos de momentos pasados, presentes y posibles futuros. Un entresijo indescifrable de ideas que saldrá a la luz un día u otro y dependerá de tu estado de ánimo y de lo que necesites o añores en ese momento. Algo con lo que llenar tu mente, algo que no siempre es descifrable y que, por lo tanto, tienes que averiguar su significado. Un sueño despierto, o quizá un sueño normal, mientras duermes, y que no puedas controlar o venga dictado por las más enterradas -o quizá más presentes- necesidades, recuerdos, pensamientos, personas o cosas de tu mente. Quizá algo que te arrepientas de estar pensando o imaginando por lo estúpido que hasta a ti mismo te parece. Pero algo que al fin y al cabo deseas.

Al menos soy consciente de que algunos sueños despiertos los formo yo. Yo decido eso en mi mente, y eso me reconforta. Estoy conforme con mi vida porque sé cubrir esas necesidades con sueños, y sé muchas cosas más. Sé que algunas de esas cosas pasarán, o no,  o serán parecidas. Sé que no seré el yo de mis sueños más alocados o raramente geniales que produce mi mente el que esté en una realidad futura; al fin y al cabo, como dijo Freud, “cualquiera que despierto se comportase como lo hiciera en sueños sería tomado por loco”.  No tengo exactamente miedo a que no sucedan, o a que no sean como yo quiero, porque en cierto modo ya lo sé. Sólo son un pequeño empujón, y todos necesitamos pequeños empujones de vez en cuando. El problema sería que esos sueños fueran mi realidad. Porque…

…en realidad, no quiero vivir un sueño. 

Me gustaría tener los conocimientos de Freud o alguna eminencia de los sueños para afrontar un poco más profundamente este tema, pero como siempre me quedaré en mi punto de vista personal. Puedo soñar con ser Freud, al fin y al cabo. O con tener una máquina del tiempo y de teletransporte. O… bueh~

No rechaces tus sueños. ¿Sin la ilusión el mundo qué sería?

-Ramon de Campoamor


A píxeles de distancia.

Es curioso darte cuenta de que internet tiene una gran ambigüedad, que permite que su mayor virtud sea también su mayor y más conocido defecto. Nadie de internet se va a sorprender si les comentas acerca de, digamos, la distancia. Pero empecemos desde el principio.

Las redes sociales e internet en general nos ponen al alcance eso de relacionarnos con miles de personas con el esfuerzo de mover el ratón, clickar y hacer un pequeño movimiento de los dedos sobre un teclado. Bien mirado, estás conociendo a gente que jamás podrías conocer -incluso viajando-, y relacionándote con un puñado de gente que, en principio, no sueles encontrar cerca de ti. Siempre es genial conocer a gente, y descubrir que muchos tienen los mismos gustos y aficiones que tú. Es maravilloso comenzar a acostumbrarte a tratar con esa gente con cualquier programa o web dedicada a ello, y darte cuenta de que empiezan a significar algo para ti aun estando tan lejos. Es sorprendente y tremendamente agradable darte cuenta de que les coges cariño y aprecio, que necesitas de ellos, que son alguien para ti aunque no les hayas visto jamás.  Y luego…

Luego todo cae por su propio peso.

Es infernalmente triste querer abrazar a un puñado de píxeles. Querer mirarles a los ojos. Querer hablarles, pasar tiempo con ellos… descubrir si realmente son las personas que parecen ser cuando estás en tu casa y te ríes, lloras, hablas y te lo pasas bien con ellos sin ni siquiera sentir cerca de ti más que tu ordenador. Descubrir si son tanto para ti como tú sientes. Descubrirlo de verdad.

Como ya decía, esto para nadie es ninguna sorpresa. Necesitaba expresar de alguna manera toda esa frustración que provoca la distancia y que todos tenemos en alguna ocasión. No se puede huir de ello, ni hacer nada (en principio) por remediarlo. Ellos están “allí”, lejos, y tú estás “aquí”, a veces y desesperadamente… solo. Llega el momento en el que la realidad te da una patada en el culo, y te duele. Te sabe a poco lo que tienes, aunque quizá no lo estés valorando y aprovechando lo suficiente y de ahí la otra necesidad, y necesitas de lo que está demasiado lejos para saciarte. Se te abre un vacío en tu interior, y necesitas llenar eso con algo más. Algo más. Algo que ya no es suficiente pasando horas y horas delante de un ordenador. Algo que tienes que saciar, una necesidad por cubrir, un desasosiego interno que sabes que sólo se calmará con algo. Digamos, por resumir, que ese algo que se necesita es una pizca de realidad. Un efímero contacto con esas personas que, por mucho que quieras, sabes que no van a estar “aquí” para complacer tus necesidades respecto a ellos y respecto a ti mismo. Al menos no pronto.

Se conoce medicina, por suerte. Yo la llamaría Pacienciamol. Al fin y al cabo, sabes que terminarás por conocerlas. Sabes que te llevarás tremendísimos palos por darte cuenta de que las cosas no son o serán como pensabas. Sabes que pasarás grandes momentos con esa gente que llevas tanto tiempo esperando pasar con ellas al menos cinco minutos. Sabes que la relación con esas personas pasará a ser algo más a partir del momento en que la relación de un paso adelante y se deje atrás la virtualidad para conocer la realidad. Sabes que esas personas incluso serán algo más para ti, si cabe, al igual que sabes que tal vez no. Al fin y al cabo todo es como la vida misma, conocerás más, tomarás decisiones, algunas personas quedarán atrás, otras volverán a ser lo que eran, otras darán un giro que cambiará las cosas completamente… nadie lo sabe y nadie lo sabrá. Pero eso no impide querer dar siempre ese paso de recorrer esos píxeles que te separan de la gente a la que necesitas contigo, o al menos un mínimo acercamiento. Y por supuesto pasar por todas las dificultades (problemáticas, económicas y temporales) que hagan falta para conseguirlo.

Después de esta reflexión, ¿quién cree en el amor a distancia? ¿Acaso hay ser humano capaz de compaginar DISTANCIA con AMOR? Si existen, me alegro mucho por ellos. De verdad que admiro a la gente que es capaz de aguantar el dolor que supone “amar de lejos”. Porque yo no podría. Yo necesitaría a la persona en cuestión conmigo, no lejos de mí. Debe de ser horrible tener que soportar una separación temporal, y por ello nunca lo aceptaría sin pasarlo fatal. Compadezco a todos aquellos que tengan que sufrirlo. Y comparto todo el sufrimiento que puedan experimentar las personas que tienen lejos simplemente a gente que necesitan con uno y no los tienen, pues es de lo más habitual y desesperante, a la larga.

Este tema, por dar una experiencia personal, me toca quizá demasiado de cerca. Llevo aproximadamente cuatro años en internet conociendo a muchísima gente, de los cuales algunos conservo “conociendo” desde el principio y hasta la actualidad. Vivo en una isla digamos apartada, y necesito de barco o avión (y no de buses, coches o trenes) para desplazarme a cualquier lugar, lo cual me ha dado problemas, y no digamos con el sentimiento de la distancia. He desvirtualizado a dos personas en mi vida, y conservo grandes y espléndidos recuerdos de lo que fue una de las experiencias más reconfortantes de mi vida. Quizá es porque fue una buena aunque corta temporada en la que todo salió bien, la primera vez que desvirtualizaba a alguien… no sé. Pero sin duda conozco la emoción. Los nervios, la tensión inicial, y luego todo lo que viene, bueno o malo. Y nunca lo olvidaré, al igual que sé que lo volveré a experimentar. Y lo deseo con toda mi alma. Y todo porque he tenido la carencia de ello, o porque siempre he tenido que aguantar y resignarme a tener a toda la gente de internet lejos de mí. Pero sé que con paciencia, luego todo sabrá mejor. Y eso, sin duda, me aporta lo suficiente como para aguantar y sobrellevar todo esto. Por mucho que cueste lograré superarlo, y la mayoría del tiempo me valdrá con lo que tengo y el vacío sólo resurgirá en contadas ocasiones.

Concluyendo: Distancia, que te den. Podemos contigo y recorreremos todos tus píxeles si nos da la gana. Pero, sobre todo, somos capaces de aguantarte.

La distancia es sólo un número.

Tess Nevermind.


Mentes arriba, esto es un atraco.

Hola :3

Antes de nada, me gustaría presentarme. Me llamo Adri, tengo 17 años, vivo en La Palma (Islas Canarias) y… si queréis saber más sobre mí, MUY en profundidad, yo iría a donde pone “Sobre Adri”, arriba a la derecha.

El objetivo del blog bien lo viene a decir su título, aunque éste sobreentienda que no os servirá de nada lo que yo vaya a poner aquí (esperemos que no). O tal vez el título de esta entrada. No es un blog para ridiculeces o tonterías varias, para eso tengo el otro, Adri S.A. Este estará dedicado simple y llanamente a la reflexión. A la reflexión sobre temas de la vida, que surjan en la mía o se me ocurran, y compartir mi subjetivo punto de vista, o quizá para aportar algo de información objetiva, no lo sé. Según el tema y la situación, escribiré en consecuencia.

La idea de crear este blog surgió al ver como estaba poniendo cosas tal vez demasiado serias en el otro, que yo quería más para cosas más… “informales”. Me gusta la filosofía, me gusta pensar sobre muchas cosas, me gusta compartir lo que pienso… en fin, me gusta el proyecto de hacer este blog y escribirlo cuando me apetezca. Agradeceré siempre vuestros comentarios y opiniones personales al respecto, que siempre es muy ilustrador, te ayuda a aprender y aumentar el campo de visión. Así, espero que lo sigáis al igual que seguís el otro o que encontréis en él un Adri reflexivo que quizá no podáis ver en otra parte. También me gustaría aclarar que espero no ofender a nadie, no os sintáis aludidos a las primeras de cambio y simplemente tened en cuenta que nunca escribiré nada con la intención de dañar a nadie, como mucho de hacerle u obligarle a pensar al respecto (o que me hagáis pensar a mí), tal y como dice el título de la entrada.

Eso es todo. Pronto la primera (segunda) entrada y eso. Gracias por pasaros.

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.
Sir Francis Bacon